Qué es un dominio y para qué sirve

En esta entrada vemos brevemente cómo funcionan y para qué sirven los nombres de dominio de Internet.

Para publicar una página web, no solo hace falta diseñarla con los elementos y características que atraerán a nuestros clientes, sino que es necesario elegir el equipo o servidor donde guardaremos los ficheros que la componen (lo que se conoce como servicio de hosting) y la dirección pública o URL que tendrá, conformada principalmente por el nombre de dominio.

Es muy fácil confundir un concepto con el otro; por eso, en esta entrada explicamos brevemente qué son los dominios web y cómo funcionan.

¿Qué es un dominio web y qué diferencia hay con el hosting?

Imaginemos que nuestro blog o sitio web es una especie de propiedad inmobiliaria en Internet, nuestra casa en el mundo digital. Pues bien, el hosting o alojamiento web sería la finca donde está ubicado ese local o piso, mientras que el dominio sería la dirección que permite encontrar el inmueble.

Esta explicación, como podéis imaginar, es una simplificación. En realidad, Internet es una enorme red de ordenadores que se comunican los unos con los otros mediante cables. Para poder identificar cada equipo y saber en qué ordenador está almacenada cierta información (por ejemplo, los ficheros que componen una página web específica), se decidió asignarle a cada uno una dirección IP (una secuencia de cifras y puntos que puede tener hasta doce dígitos, como 177.16.354.1).

Sin embargo, el problema que plantean las direcciones IP es la dificultad de recordar los números de cada sitio web. Por eso, hace años se inventaron los nombres de dominio, que permiten encontrar una página mediante un sencillo nombre en letras, por ejemplo escueladeinternet.com (mucho más fácil que, digamos, 195.148.0.78).

¿Cómo funcionan los nombres de dominio?

Cuando introducimos en el navegador el nombre de dominio de la página que queremos visitar, este nombre se convierte automáticamente en una dirección IP. ¿Cómo? Gracias a una red global de servidores, que conforman el Sistema de Nombres de Dominio (DNS), una especie de «guía telefónica» que traduce el nombre a la dirección IP.

En el proceso de transformación/identificación intervienen dos tipos de servidores: por un lado, están los servidores de nombres, que encuentran la IP correspondiente y remiten la petición del navegador al equipo concreto donde está almacenada la página web. Estos ordenadores donde se guardan los sitios web son los llamados servidores web, que son los que finalmente envían la información al navegador.

He aquí, pues, un resumen simplificado del proceso:

  1. Un usuario escribe un nombre de dominio (p. ej.: miweb.com) en el navegador.
  2. La petición llega a la red de servidores del DNS, donde se remite al servidor de nombres vinculado con ese dominio.
  3. El servidor de nombres transforma el dominio en la dirección IP correspondiente y se la remite al navegador.
  4. El navegador, entonces, le pide al servidor web que tiene esa IP que recupere la página en cuestión.
  5. Por último, el servidor web le devuelve al navegador la página solicitada.

Para qué sirven los nombres de dominio

Como comentábamos, los nombres de dominio están pensados para facilitarle la vida a las personas, ya que son mucho más fáciles de recordar que las direcciones IP, constituídas por una serie de numéros.

En cualquier caso, si un internauta memorizase una dirección IP y tratase de usarla, por lo general no funcionaría, ya que, hoy en día, para que la IP recupere directamente un sitio web, es necesario que el servidor remoto esté expresamente configurado (en concreto, debería usar el puerto 80 con una página predeterminada, como index.html, en el directorio).

Además, los nombres de dominio tienen la ventaja adicional de que permiten desvincular la página web del servidor donde está guardada. Es decir, que nos permiten registrar un dominio con una empresa y tener el hosting (alojamiento web) en otra. De este modo, si en algún momento decidimos pasarnos a otra empresa de alojamiento web, solo tenemos que migrar los archivos y configurar las DNS del dominio para que dirija a los servidores de la nueva compañía (sin tener que cambiar para nada el nombre de dominio).

Para muchas personas, trastear con la configuración de los servidores y las direcciones IP puede resultar confuso y llevar bastante tiempo. Por eso, la mayoría opta por algún tipo de plan de hosting con dominio incluido, como los que ofrece Nominalia.

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